jueves, 10 de julio de 2014

Mundo Vocaloid CAPÍTULO 2: Un nuevo viejo amigo

:::Perspectiva de Neru:::

Se supone que tendría que estar ahora mismo camino al instituto con mis amigas Teto y Miku, pero opté por ir sola en autobús. Escuchar música al mirar por la ventana es muy tranquilizante, tanto que me hace olvidar que voy a clases. Estos días me he sentido sola, como esas veces en las que en medio de una conversación los demás no saben de lo que hablas, así me siento yo. No es nada fuera de lo normal, pero estoy harta de ser la única de mis amigas que sigue sin declararse a alguien. Algunas de ellas fueron aceptadas, otras, no tuvieron la misma suerte. Pero probablemente soy la única que no sabe lo que es mejor. Todas las chicas hablan sobre un romance, una historia de amor... ¿Qué hago yo? Me encierro dentro de mí misma y finjo que me interesa de lo que sea que estén hablando "Sí, aha, dime más..." Me pregunto yo, ¿Llegará un momento en el que tenga la palabra? o, cuando hable, ¿Me escucharán a mí también? ¿Me aconsejarán? ¿Me ayudarán? Porque sigo esperando una respuesta.

Como sea, llego al instituto media hora antes, para evitar encuentros y preguntas tontas. Todo el lugar está tan vacío como mi corazón. Entro al salón de clases, abro las ventanas y cierro la puerta. Me siento en mi banco, estoy sola y eso me gusta. Pasaron tranquilamente unos minutos y se abre la puerta. <<No puedo creerlo>>


Ahí estaba; ojos azules, su rubio cabello alborotado de siempre y un poco más alto de lo que recuerdo. Después de siete años, estaba de pie frente a mí. Lo recuerdo bien... Kagamine... Len Kagamine. No dijo palabra, sólo se acercó con lentitud y determinación, sin mirar a otro lado, <<Esto es imposible>> se estaba acercando sigilosamente cada vez más, tomó con cuidado mi cabeza entre sus manos y me besó. <<¿Qué clase de broma pesada es esta?>> Su mano se entrelaza con la mía, no puedo escapar, me siento débil. <<No, no caeré>> Sus labios se alejan de los míos con lentitud, sus ojos me miran fijamente y me regala una radiante sonrisa. En ese instante, abandono mi asiento, me dirijo a la puerta, pero es imposible. Él no me deja escapar. Él no me dejará escapar.

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