miércoles, 7 de enero de 2015

Mundo Vocaloid CAPÍTULO 8: Calalini Returns


:::Perspectiva de Yuki:::

Regresé de la escuela con mi papá, estaba agotada… pero seguro él lo estaba más. Subí las escaleras lentamente sintiendo mi propio peso caer sobre mis piernas, haciendo la subida a cada escalón más pesada. Satisfecha de haber llegado a la cima, entré a mi cuarto para cambiarme de ropa y ponerme cómoda al fin. Tiré la mochila a un lado de mi cama con las sábanas desordenadas; pateé una almohada que se hallaba tirada en el piso y en vez de dirigirme al clóset, me tumbé en mi cama, sintiendo esa suavidad que había estado extrañando desde la mañana. Solté un alarido ronco, con una almohada cubriéndome la boca; supongo que ahí escaparon todas las energías que me quedaban. Levanté mi cabeza, buscando la luz de mi ventana. Increíble. Debo admitir que tener un cuarto en la planta alta que cubre más de la mitad del territorio de mi casa es sin duda un privilegio. Entonces, divisé una silueta en la ventana y dije:
-Hola, 4 Hundred.
4 Hundred es mi gato. Es también mi mayor confidente y fiel compañero en las travesuras que hago en casa. A veces suelo hablar con él mientras acaricio su suave pelaje. Es muy mimado, pero así es genial. También le encanta comer; no quiero que se ponga regordete, así que después de darle de comer trato de esconder la bolsa de comida en algún lugar, pero no importa dónde, siempre la encuentra.
Muchas personas me han preguntado sobre su nombre, cosa curiosa. 4 Hundred fue un regalo de mi papá cuando tenía 4 años, aún era muy pequeña. Ese día, le dije lo mucho que lo quería, del uno al cuatrocientos, ya que en ese entonces no conocía muchos números y ya que ese era el más grande que me sabía, decidí llamarlo así. Pero un gato llamado cuatrocientos sonaba demasiado extraño, así que fui con papá y le pregunté cómo se decía en inglés, (ya saben, porque en inglés todo tiene más estilo) y lo llamé 4 Hundred.
De vez en cuando pienso que 4 Hundred tiene más suerte que yo, su nombre vino de lo mucho que lo quiero, pero el mío…
Hace nueve años y medio, cuando mis padres esperaban con ansias mi llegada, toda la familia celebraba el cumpleaños de mi tío Kenji, se pasaron un poco de copas, y en el peor momento decidieron hacer una promesa para “demostrar su hermandad”; Resultó que para ese entonces faltaba muy poco para que su hijo naciera, y decidieron ponernos nombres similares, mi primo al nacer fue llamado Yuu, y yo terminé siendo Yuki. Ridículo, lo sé. Pero es increíble lo que el alcohol puede llegar a causar.
-¿Tú crees que mi nombre es bonito?- Dije mirando al gato.
-¡Por supuesto! –Respondió el gato si previo aviso, haciendo que yo ahogara un grito.
-¿Qué-qué…   ha…blas?
-Oh, creo que exageré un poco.- Dijo 4 Hundred, subiéndose sobre mi cama.
-¡Estás hablando! – Mi mayor sorpresa fue que no podía oírlo, pero sí escucharlo. Era como si su mente y la mía estuvieran conectadas.
-Escucha, creo que cometí un error al hablarte, pero ya que no hay vuelta atrás, sólo te pido que mantengas el secreto.
-Está bien, confía en mí.

Mala elección. Al día siguiente pedí a papá que me llevara a casa de Akinos, quien me recibió con inquietud.
-¡Yuki! ¿Qué sucede?

-Akinos, tengo algo importante que decirte…

-Pareces nerviosa, ¿Estás bien?

-Eso creo, pero antes vamos a un lugar donde nadie nos oiga…- Tomé su brazo y entré corriendo a la grande y lujosa casa.
Subimos rápidamente las escaleras, pero Akinos tropezó y ambos caímos de cara al suelo. Aunque no nos rompimos nada. Continuamos subiendo… esta vez  sosteniéndonos del barandal  y luego entramos a su habitación, cerrando la puerta de forma cautelosa.  Me acerqué a él y pensando con cuidado mis palabras, le dije:

-¿Recuerdas a mi gato 4 hundred…?
-Sí… ¿Qué hay con eso?- Me miró con extrañeza.
-¡Puede hablar!- Dije susurrando y él abrió sus ojos como platos.
-Yuki, ¿Segura que estás bien? Jamás he sabido que hablen los gatos…- Se puso de pie y abrió la ventana.
No estoy loca. Sé que no es usual, pero tal vez los gatos han escondido hace mucho tiempo ese secreto y fui yo quien lo descubrió. Deberían agradecerme, hice algo bueno por la humanidad… Aunque no sé cuál es el beneficio de eso exactamente.
-¡Tienes que creerme~!- Insistí cerrando la ventana.- No lo inventé yo, es verdadero. Mi gato sabe hablar ¡Y tú vas a oírlo!- Grité con decisión, señalando a mi amigo peliverde con mi dedo índice.- Mañana lo grabaré y cuando lo oigas podré decir “Te-lo-di-je~”.
Sin duda alguna, estaba dispuesta a que Akinos me creyera. Al día siguiente comencé a platicar con 4 hundred; yo sabía que los gatos tenían sentimientos igual que las personas, pero me percaté de que él no es un gato muy feliz, por mucho que nos quiera a papá y a mí. Tal vez mamá le haga falta, así como a mí. Me dijo que se sentía muy solo; claro, había olvidado que la casa está vacía por las mañanas cuando papá y yo nos vamos a la escuela, y claro, eso es estar físicamente solo. Debe ser aburrido… aunque la vida de un gato tiene sus privilegios; ellos no deben hacer tarea como yo. Quisiera ser un gato, así todo sería más fácil.
En la tarde Akinos, su mamá y yo fuimos a la heladería y de ahí caminamos al parque. En mi mochila llevaba mi nuevo celular (Un regalo de navidad de mi papi~!) y en un lugar entre los juegos donde la señora Mamá de Akinos no nos pudiera escuchar, me dispuse a mostrarle a grabación de 4 hundred hablando conmigo.
-Prepárate para tragarte tus palabras- Dije con una sonrisa burlona antes de reproducir el audio.
Pero lo que mas me sorprendió fue lo que sucedió luego. Sólo se escuchaba mi voz. Cuando él halaba había absoluto silencio. Quedé atónita e intenté repetirla, no podía creerlo, si yo lo grabé todo, debería estar ahí. Subí todo el volumen sin que me importara ya si los demás niños en los juegos escuchaban lo que yo decía, pero el silencio prevalecía.
-¿Decías…?- Dijo Akinos mirándome confundido.
-¿Qué es esto…?- Me dije a mí misma completamente desconcertada.


¿Acaso me estoy volviendo loca?