jueves, 7 de agosto de 2014

Mundo Vocaloid CAPÍTULO 7 : Conectados por un sentimiento

 :::Perspectiva de Rion:::

El tiempo pasaba lentamente, inundado en un silencio insoportable que llenaba aquellos segundos de vida, en esa habitación, eran simplemente algo más de lo que seguramente no recordaría después de un momento.

No había nada.

-Siento no haberlo dicho antes.
-No hay problema, hoy no tengo mucho qué hacer.
-No fuiste a la escuela...
-Tampoco tú, así que no estás en posición de decírmelo.
-No fue un sermón.

Permanecía valiosos segundos de mi vida sentada en el piso de la sala en casa de Piko, quien sólo estaba de pie frente a mí, con sus ojos inexpresivos. Mis rodillas comenzaban a dolerme, de estar tanto tiempo sobre ellas, por lo que simplemente opté por sentarme normalmente, mientras volvía a perderme en mis pensamientos.

-Lo siento.- Dijo él desviando la mirada, evitando cualquier contacto visual conmigo.
-Tú no tienes por qué.- Mi garganta se secó de la nada. Mi voz se entrecortó sin razón, impidiéndome continuar.
-Está bien si decides irte.
-¿Acaso quieres que me vaya?
-¿Acaso quieres oír la verdad?

No pude responder.

-Como pensé.
-No es mi culpa.
-Nunca dije que lo fuera. Pero es evidente que escuchar la verdad te duele más que nada.
-No me duele.
-¿A quién tratas de engañar, Rion?
-Supongo que a ti.

Ciertamente, decir que no me dolía era completamente distinto a que no lo hiciera. Suelo ser una persona fuerte, aunque eso no tenía mucho que ver, cualquier persona se quedaría pensativa ante una situación como en la que ahora me encontraba.

-¿Quieres llorar?
-Sí.
-Está bien.
-No puedo.

Piko se agachó, sentándose frente a mí y tomó mi cabeza con ambas manos para levantarla. Las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos abiertos como platos, mientras que lo único que podía distinguir a causa de esto era su cabello blanco y sus ojos, uno azul y uno verde, ambos mirándome fijamente de forma inexpresiva.
Entonces, pude sentir cómo en mi rostro se encendía un tono rojo, tan vergonzoso que lo único que pude hacer fue bajar mi cabeza y cubrirme la cara con mis manos.

Y ahí estaba. Avergonzada de mí misma; sintiendo que ya no podía parar de llorar. Piko por el contrario, sólo me abrazó y entonces fue cuando rompí en llanto. Yo solía ser la mayor, la más fuerte y decidida, pero esa imagen se rompió en aquel instante.

Pero hay que volver atrás…

Esta mañana me levanté con ánimos, cosa rara en mí. Lavé mi cara y me miré al espejo, contemplando el reflejo de mis ojos como si se tratara de otra persona. “No importa lo que digan, tú eres hermosa”  Pensé. Corrí hasta mi cuarto para vestirme, pero mis pasos fueron bajando su velocidad y opté por volver a la cama. En eso puedo escuchar a mi madre gritar desde la planta baja de la casa:
-Rion, ¿Ya te estás preparando?
-No quiero ir a la escuela.- Dije volteándome en la cama para que las almohadas no cubrieran mi boca.
-Tú decides, pero ya sabes lo que trae eso. Sólo no esperes una calificación perfecta.
-Lo sé, mamá. Estoy segura de eso.
-Bien.

Entonces me quedé dormida.

Después de un rato, sentí la almohada húmeda y desperté algo aturdida. Claro, era mi baba. Fui a lavarme la cara nuevamente, eran las 10:18 A.M. y yo seguía en mi ropa de dormir, una camiseta rota y holgada color violeta y un viejo short blanco, que me quedaba muy corto como para seguirlo usando normalmente. Fui a mi cuarto y me vi en el espejo de cuerpo entero.
-Cielos, doy asco.-Dije para mí misma.
Y ciertamente, mi cabello parecía el de una vagabunda, pero cepillarlo era sólo una pérdida de tempo. Aún así lo hice, me vestí con las primeras prendas que encontré y bajé a la cocina a tomar mi desayuno. Ahí estaba mi padre, parecía muy alterado y dudaba en preguntarle o no qué le sucedía.
-Papá, ¿Estás bien?- Pregunté de todos modos.
-Claro hija, sólo estoy algo preocupado por un asunto del trabajo, necesito llegar a tiempo.
-Entiendo. No te preocupes, seguro todo saldrá genial.
-Gracias Rion- Dijo y besó mi frente, levantándose de la mesa. Recogió sus cosas y se despidió de mamá, yéndose así a su trabajo.
Para ser sincera, no tengo la más mínima idea de en qué trabaja, creo que se dedica a algo relacionado con medicina, ya que en la habitación tienen un armario lleno de frascos y cosas así.
-Mamá ¿Puedo ir a casa de Piko?- Pregunté con el tono más amable que pude conseguir.
-No fuiste a la escuela, ¿Y quieres que te deje ir con tus amigos?- preguntó algo molesta.
-¡Pero estoy muy preocupada por él! No ha ido a la escuela, no responde los mensajes que le envío y tampoco contesta el teléfono, sólo desapareció.- Dije de manera que mientras más decía, más rápido comenzaba a hablar.
-Escucha, Rion. Sé que Piko es tu primo y que te llevas muy bien con él, pero no pueden estar juntos todo el tiempo, cada no tiene cosas diferentes qué hacer. Seguro tendrá una buena razón para no comunicarse con sus demás amigos.- Respondió mi madre, con un ligero tono de sermón, pero sobre todo de consejo. Ella siempre suele saber bien lo que dice, es una gran amiga, a parte de excelente cocinera.
-Lo sé, pero me tiene intranquila lo que puede haberle pasado.
-No te preocupa lo que pudo haberle pasado, sino lo que puede llegarle a pasar. Sé que la compañía suele ser buena, hija; pero en esta vida debemos aprender a solucionar nuestros propios problemas y enfrentarnos al mundo por nosotros mismos.
-Mamá, ¿Tomaste los libros de mi estante?
-Tal vez tomé alguno y lo leí por casualidad- Dijo ella con un tono travieso.
-Por favor llévame con Piko, necesito saber cómo está. Te prometo que te dejaré leer mis libros, pero llévame con él.- Supliqué finalmente.
-Está bien, pero no quiero que sigas faltando así de la nada a la escuela. Esto es muy perjudicial para ti y lo sabes.- Indicó ella mientras tomaba las llaves del auto y caminamos hasta la cochera.

Después del trayecto de 13 minutos hasta la casa de Piko, bajé del auto para disponerme a entrar a la vivienda color celeste de dos pisos donde él vivía; cada vez más cerca de saber lo que le ocurre.
Para mi sorpresa, mi tía Sora ya había abierto la puerta antes de que yo llegara y supuse que me había visto llegar. Me dio un abrazo contenta, recibiéndonos en casa.
-¡Rion! ¡Qué linda sorpresa! Vaya, has crecido bastante desde la última vez que nos vimos.
-Nos vimos la semana pasada, tía.
-Bueno, creces rápido linda. Raquel, ¿Les gustaría almorzar algo? Estoy haciendo burritos…
-En realidad, sólo he venido a dejar a Rion, me insistía en que quería ver a Piko, así que la traje.
-Ah, te entiendo, yo también estoy algo ocupada con las labores.- Dijo a mamá y luego se dirigió a mí – Entra linda, Piko está en su habitación; si quieres, deja tu mochila en la sala.

Y eso hice.  Entré lo más rápido posible (tratando de no parecer tan obvia, claro), dejé mi mochila a lado del sofá banco en la sala y me dispuse a subir los escalones de concreto que me llevaban a la segunda planta. Un poco agotada, llegué a la habitación de Piko y tenía la puerta cerrada. Una pequeña tabla de madera con su nombre hecho de botones azules y verdes me encaró antes de que yo tocara la puerta.
-¿Quién?
-Soy yo… Rion. –Dije con la voz entrecortada de los nervios y en un tono a penas audible.
Él no respondió.
Sentí una punzada en el estómago que hizo que mi respiración se entrecortara, mis ojos estaban abiertos de par en par mientras con desconcierto miraba la tabla con su nombre en botones colgada en la puerta de madera. ¿Qué podría estar pasando? Esa pregunta resonaba en mi cabeza sin haberme percatado de que seguía ahí parada después de unos 7 segundos.
En ese momento fugazmente la puerta se abrió y un brazo se alargó hasta alcanzarme, jalándome rápidamente hacia la habitación. Aturdida, sólo pude ahogar un grito antes de caer de cara contra la cama. Oí que cerraron la puerta con pasador y entonces pude voltear. Ahí  estaba Piko de pie recargado en la puerta con los ojos enrojecidos y una mirada afligida. No recordaba haberlo visto así muchas veces, cosa a la que tal vez nunca podría acostumbrarme nunca. Dolía lo suficiente.
-Ahh…- Dije con la voz entrecortada y los ojos bien abiertos, tratando de hacer contacto visual con él.
Entonces él se lanzó hacia mí rodeándome con sus brazos, ambos tirados en la cama, Piko rompió en llanto. Yo confundida, sólo comencé a acariciar su cabello, tratando de brindarle consuelo; él escondió su cabeza en mi pecho, mientras gritaba desesperadamente. Yo tomé con ambas manos su cara y besé su frente, encontrándome luego con esos tiernos ojos que suplicaban desahogarse.
-Ya… tranquilo Piko.- Dije aún acariciando su cabello blanco, tratando de no romper en llanto también.
Él intentó decir algo, pero su llanto no me permitía comprender ni una palabra. Después de unos minutos logró calmarse, tuve miedo de llamar a mi tía, ya que no sabía si era una situación personal lo que lo tenía tan triste. De nuevo pude entender sus palabras con claridad.
-Tonta.- Dijo rompiendo el silencio- Te estaba esperando.
-Y tú me tenías muy preocupada idiota.- Contesté con los ojos cerrados. Me aliviaba verlo mejor.
-Lo siento.- Sonrió sentándose en la cama. Luego yo hice lo mismo, para poder pedirle una explicación.
-Tú… ¿Qué te ha pasado en estos días? no me has respondido el teléfono, jamás te has conectado, ¡Ni siquiera has respondido mis mensajes!- Dije en un tono indignado.
-Yo… la verdad lo siento. – Dijo ruborizándose.- En verdad me hacía falta hablar contigo hoy.
-¿Por qué lo dices?- Dije confundida.
-Necesito decirte algo importante.-Comentó tomando un tono serio.
-Te escucho.
-Pero necesito que lo tomes con calma.- Aquellas palabras me alarmaron bastante.
-E-sta bien…-Mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi cabeza se llenó de pensamientos como “¿Qué está pasando? ¿Por qué lo dice tan serio? ¿Qué es tan importante?” Y mi alma se sentía intranquila.
-Hoy en la mañana… más temprano, decidí entrar a mi correo, cosa que sabes rara vez hago. Ahí tenía un mensaje de la compañía de papá, por lo que supuse que cuando entró a trabajar puso mi correo como referencia, antes que tuviera el suyo o ehhh… bueno, ¡Ese no es el punto!- Prosiguió- En el correo decía que necesitaban contactar a la empresa de seguro de vida que usaba papá…
-E-spera…- Interrumpí- Pero eso… ¿No significa que mi tío está…? – Mi voz se fue cuando razoné lo que podría haber pasado.
-Está muerto.- Dijo Piko con su mirada vacía, sin emociones. Podía ver como se esforzaba por no debilitarse otra vez.
-¿Es en serio? N-No… no puede ser…- El desconcierto me invadía, mi corazón latía con más fuerza. - ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?
-El correo fue enviado ayer a las 10:37 P.M., al parecer ellos no tienen el teléfono de nuestra casa y mamá no tiene correo electrónico. Está dirigido a “la señora Utatane”, pero no hallaron remedio más rápido que enviármelo a mí. Según decía, lo hallaron muerto a causa de balas ayer en la noche, cerca de Angel’s Palace.
-¿Ya se lo dijiste a mi tía?
-No hallo la forma de decírselo… no quiero lastimarla tan fuertemente.
-Es su esposo. Necesita saberlo cuanto antes.
-Ese es el problema.
-¿Qué?
-Que no quiero herirte tampoco a ti.
-¿Q-qué quieres decir?
-Había droga en la escena del crimen. Creo que mi papá era adicto. Tengo miedo de que algo peor haya pasado. De que se metiera a él o a nosotros en algún lío.
-Debes confiar en que no llegará a mayores este problema, pero por ahora debes decírselo a m tía, AHORA.- Dije resaltando la última palabra para indicarle que en verdad no podía esperar más tiempo. – Yo te ayudaré, vamos.
-No sé cómo hacerlo, Rion.- Dijo apenado, desviando su mirada.
-Sólo confía, te voy a ayudar. No podemos dejar que pase más tiempo.
-¿Prometes que no la lastimaremos mucho?
-No más de lo necesario, lo prometo. – Dije y le di un abrazo. Era evidente que Piko necesitaba confianza, y yo me propuse brindársela.
Bajamos las escaleras sigilosamente, divisando todo el primer piso para saber dónde estaba mi ti Sora. Cuando la vimos en la cocina, ambos volteamos hacia el otro, mirándonos a los ojos con determinación y valor. Ella parecía alegre como siempre; que mal que estropearíamos esa sonrisa que la hacía ver hermosa e incluso más joven.
-Ah, chicos; a penas iba a hablarles para que bajaran a comer, pero ya que están aquí…
-Mamá, tenemos algo importante que decirte.- Dijo Piko interrumpiéndola. Conservaba la expresión seria, tratando de tomar todo con la mayor calma posible.
-¿Y eso? ¿Qué ocurre, cielo?
-Por favor ven a la sala. Necesitamos hablar.- Dirigiéndose al sofá blanco e invitando a su madre a sentarse junto a él, añadió- Es sobre papá.
-Piko empiezas a preocuparme.
-Tú solo… tranquila.
Yo me senté al lado de mi tía, tratando de parecer tranquila. Piko tomó mi mochila y sacó de ella mi laptop sin preguntar; la encendió y después de teclear la clave accedió a internet para entrar a su correo.
-Necesito que veas este mensaje, mamá. Lo descubrí hace a penas unos minutos.- Mintió para ablandar un poco el golpe. Pronto mi tía Sora estaría enterada de todo. Ella sólo veía con preocupación e intriga la pantalla, sin saber que lo que estaba a punto de leer sería tan terrible.
-Yo… no lo entiendo. ¿C-Cómo puede pasar esto?- Dijo ya con lágrimas en su rostro, me dolía profundamente verla así, pero no podía hacer nada. Solamente la abracé tratando de no llorar, Piko se unió.
-Cómo lo siento- Fue lo único que logré decir.
Prontamente los gritos y gemidos de dolor se oían por toda la casa, luego sonó el teléfono. Piko decidió contestar, no sin antes aclararse la garganta para no dar sospecha alguna.
-¿Diga? –Hizo una pequeña pausa- Hola, tía Raquel.- Dijo volteando a verme.- Eh… ella está ocupada. Pero, ¿Sería mucha molestia pedirte que vengas?... Claro, por favor llega lo antes posible.
-¿Va a venir Raquel?- Dijo mi ti Sora secándose las lágrimas.
-Sí, dice que llega en veinte minutos.
-Está bien, ustedes vayan a comer. Yo tengo que checar todo esto.
Piko y yo fuimos al comedor y nos encontramos con un plato lleno de burritos recién hechos. El olor penetrante era irresistible. Nos sentamos a comer ambos, de manera que quedamos uno frente al otro. Compartimos una mirada fugaz, sin poder aún sostenerla.
-Me pregunto si será mal momento para decirle que están deliciosos.
-En momentos así, es mejor quedarse callado.
-Entiendo.
El incómodo silencio invadió la estancia, lo único que se escuchaba era el tintinear de los cubiertos al usarse. Por alguna razón, me sentía culpable.
-Rion, yo…- Dijo antes de que su voz se perdiera.
-¿Qué ocurre?
-Tengo miedo.
-¿De?
-De lo que pueda pasar.
-Tranquilo Piko. Todo estará bien.
-Eso espero.
Pasó un rato antes de que mi madre llegara. Mi tía Sora la recibió y ambas fueron a la sala. Yo decidí ir al baño para poder escuchar lo que sea que fuera a decirle. Mi tía ordenó a Piko que subiera a su habitación, por lo que supe que había sido buena idea oír desde ahí. Giré lentamente el picaporte tratando que hiciera el menos ruido posible y así escuchar con claridad.
-Eso es lo que decía el correo.
-Oh, de verdad lo siento, no sabes cuánto.
-Está bien, tranquila.
-Hablo en serio, de hecho, hay algo que quiero decirte.
-Cielos, ¿Qué ocurre?
-A mí hoy me avisaron algo similar. Me llamaron del seguro de vida de Alex para informarme que… bueno… él...- Su voz se apagó.
-No me digas que él también…
Silencio.
Sentí un dolor en el pecho tan fuerte que apreté los puños, sin percatarme de que sostenía el picaporte con una mano lo que hizo que girara bruscamente, delatandome.
-¡Rion! ¿Desde cuándo estás ahí?- Dijo mi madre sorprendida.
-Papá también se ha ido, ¿No?
-Rion, ¿Qué…?
-Está muerto.
Mi madre me miró con tristeza. Yo le di un abrazo intentando calmarme.
-¿Cómo ocurrió?- Le dije aún sin soltarla.
-Lo hallaron… en el closet de limpieza. El estudio dice que fue una sobredosis.
   Había droga en la escena del crimen.
Recordé las palabras de Piko, que comenzaron a resonar dentro de mi cabeza y atormentarme. ¿Era posible que ambas muertes estuvieran relacionadas? ¿Mi padre era también adicto entonces?

Después, corrí escaleras arriba hasta el cuarto de Piko y esta vez, fui yo quien me lancé a sus brazos.
-¡Rion! ¿Qué sucede?
-Mi padre también está muerto, Piko.- Dije con los ojos llorosos.
Después de eso, decidimos dormir un rato para tranquilizarnos, el día a penas comenzaba y había sido sin duda alguna un duro comienzo.
Y ahí estábamos, ambos tumbados en la cama, pegados uno al otro y tomados de las manos. Las lágrimas comenzaban a secarse y nuestros corazones recobraban su ritmo normal.
Volvíamos a sentirnos tranquilos.

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